Más allá del “sí, quiero”

vida50El matrimonio… ¡ese gran desconocido! O, al menos, esa gran incógnita que nos acusa a todos los que aún no nos hemos aventurado a probar las dulces mieles del casamiento. Y es que, por mucho que nos guste hacer gala de esa etiqueta que algunos llevamos como bandera donde puede leerse “estado civil: soltero”, lo cierto es que la vida, tal y como hoy la conocemos, parece mostrarse como un inevitable camino que nos empuja de manera inexorable hacia el altar. Se trata de uno de esos eventos naturales en la vida para los que no existe preparación. Es decir, uno puede medir al dedillo los detalles de la ceremonia: invitados, catering, iglesia… Pero, ¿y después? ¿Qué tipo de vida nos espera tras las nupcias?

Ésta es, sin duda, la pregunta del millón. Por mucho que nos casemos por amor, o por cumplir con los patrones que de nosotros espera la sociedad, por mucho que depositemos una plena confianza en nuestra futura compañera o compañero para –se supone- el resto de nuestros días; la vida, con sus caprichosos designios, siempre estará ahí para sorprendernos.

Pero, claro… ¿Para qué devanarse los sesos si vivimos en la época en la que la ciencia tiene respuestas para todo? Así es, con muy poco esfuerzo podemos hallar numerosos estudios que se han centrado en las consecuencias (buenas y no tan buenas) de la vida marital. Como el estudio que desarrollaron los científicos Zhenchao Qian y Dmitri Tumin, de la Universidad Estatal de Ohio, que acabaron por descubrir que, en general, las mujeres tienden a engordar tras casarse, mientras que el hombre suele hacerlo tras el divorcio.

Mal asunto, ¡cierto! Pero, ¿qué son unos kilitos de más en comparación con los grandes beneficios que trae consigo el estar casados? El asunto no es baladí, de hecho, otro estudio proveniente de la Universidad de Nueva York determinó que las personas casadas tienen menos posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares. A esta conclusión llegaron tras analizar la salud de 3,5 millones de hombres y mujeres; y sí, parece ser que vivir acompañado favorece la vida saludable. Al fin y al cabo, en un matrimonio, el uno cuida del otro y viceversa. Los resultados del estudio determinaron que las personas casadas tienen un 5% menos de riesgo de contraer cualquier tipo de enfermedad cardiovascular. En fin… menos da una piedra.

¿Y a la larga? Es decir, solemos preocuparnos por la vida en matrimonio a corto o medio plazo. Pero, ¿y si la cosa prospera y encontramos a esa persona con la que envejecer juntos? Pues también hay respuestas para eso (¿cómo no?). Según un estudio de la revista Archives of Sexual Behavoir, después de 50 años de matrimonio, las parejas experimentan un aumento en el apetito sexual. Gran noticia. Para ello analizaron la relación de las características sexuales de 1.656 adultos casados con edades comprendidas entre los 57 y los 85 años de edad. Y sí, parece ser que nuestros instintos más primitivos resurgen con el tiempo, aunque se hayan mantenido sepultados durante largas épocas de sequía.

Visto lo visto, lo mejor será que no adelantemos acontecimientos. Centrémonos en aquello que aún está en nuestras manos. Como cualquier cosa puede acabar sucediendo, intentemos que “nuestro gran día” merezca el devenir de cualquier posible futuro incierto. Al fin y al cabo, hemos venido a jugar.

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